Mi abuelo, la Capitana y un tesoro perdido

abuelo

Mi abuelo era un gran hombre, de esos hombres fuertes de cuerpo y de alma. Él y todas sus historias habitaron en mi hogar durante varios años. En mis recuerdos siempre tiene el pelo blanco y cuenta anécdotas en la mesa durante el almuerzo, a veces se lanza unos amorfinos en voz muy alta y dicción perfecta, con la convicción de un enamorado de la vida.

Yo tenía quince años y calculo que él tenía alrededor de noventa cuando se acercó a mi con un par de hojas escritas a mano, con pluma roja, en la caligrafía temblorosa de un anciano, me pidió que se las “pase a limpio” en una vieja máquina de escribir eléctrica que yo solía usar para mis tareas de mecanografía.

Era una carta al presidente, en ella mi abuelo solicitaba un equipo de investigación y apoyo económico, a cambio de estos requerimientos él revelaría la ubicación de los vestigios del naufragio de La Capitana, un navío que zozobró en 1654 en costas ecuatorianas.

Mi abuelo afirmaba ser capaz de hallar el inmenso tesoro que guardaba la embarcación. Es verdad,  esta idea venía de un hombre casi noventa años cuya memoria podría estar fallando, sin embargo, también es cierto este era un hombre que había intimado con José María Velasco Ibarra y que había atravesado a caballo casi todas las zonas costeras del país. ¿Saber la ubicación de un tesoro perdido durante siglos? No sonaba tan descabellado.

La carta fue enviada, indiferentemente de si le creíamos o no,  ya que su insistencia en la importancia de la información que él poseía era mucho más grande que todas nuestras dudas juntas. Lamentablemente mi abuelo falleció sin obtener ningún tipo de respuesta. Aún más lamentablemente, un par de años después de su muerte, la compañía Subamerica Discoveries finalmente halló en la zona de Chanduy el tesoro de La Capitana.

Desde entonces la historia de esta embarcación me ha fascinado. El recuerdo de esa carta, de esa afirmación, de la posibilidad de que mi abuelo hubiese tenido algún contacto con información privilegiada sobre el naufragio. Odio pensar en que tal vez esa quinceañera que se limitó a transcribir una carta debió hacer más preguntas en su momento, pero aunque las respuestas a esas inquietudes ya se perdieron hace muchos años me quedan las respuestas que me ofrece la historia. 

La Capitana

Fishing for Gold 2

El 16 de octubre de 1654 zarpó desde el puerto del Callao una flota conformada por la nave Capitana, denominada Jesús María de la Limpia y Pura Concepción de Nuestra Señora, la Almiranta San Francisco Solano y dos embarcaciones menores de resguardo. La Capitana había sido construida diez años atrás en los astilleros de Guayaquil y llevaba la plata del rey en barras y macuquinas (monedas coloniales).

En teoría, los barcos de guerra no podían llevar mercadería, pero en la práctica todos llevaban contrabando. Se cuenta que la Capitana  llevaba 3 millones de pesos registrados y 7 millones no registrados, además de productos variados.

Durante siete días La Capitana navegó sin contratiempos, hasta que al parecer por equivocación del piloto o por el exceso de peso, la nave se acercó mucho a la costa en el sector de Chanduy, en donde se golpeo con un arrecife, esto provocó el desprendimiento del timón del galeón y la nave empezó a anegarse.

Tanto la tripulación como los pobladores buscaron formas de acceder al tesoro sumergido con el navío. Debido a la profundidad en la que quedaron las bodegas con la carga, la corona decidió llamar refuerzos, tal como se describe en el informe de Patrimonio Cultural sobre las monedas recuperadas: “…fue necesario solicitar buzos a Paita, Lima, Guayaquil y Panamá, a más de los buzos guancavilcas locales. Se ordenó además quemar las partes del navío sobresalientes en el mar, para optimizar la extracción de la plata. Luego, bajo supervisión del presidente de la Real Audiencia de Quito se procedió al rescate de la mayor parte del metal siniestrado”.

Las historias sobre el “tesoro” inundaron el imaginario los pobladores de la Península de Santa Elena por años, entre ellos mi abuelo, quien con detector de metales en mano recorrió en incontables ocasiones las playas de Santa Elena. La esperanza de encontrar algo de ese maravilloso contrabando se anidó en su mente y la necedad de la vejez de mi abuelo alimentó esa esperanza día a día.

Se dice que, en ese entonces, no quedó nadie sin una parte del botín, en especial algunos tripulantes que desaparecieron en Santa Elena con su parte. Tal vez mi abuelo tuvo contacto con alguien que aún guardaba alguna macuquina de recuerdo, o con alguien que escuchó el relato directamente de la boca de “los antiguos”, como les gusta llamar en la Península a sus antepasados.

Lo que se recuperó fue enviado a Panamá y Cartagena, de donde partió en 1656 a España en la Almiranta “Nuestra Señora de las Maravillas”, sin embargo, parece que el destino del tesoro era el mar, ya que “Las Maravillas” también naufragó mucho antes de llegar a su destino.

1966g

La búsqueda

El 28 de septiembre de 1654, Don Pedro Vásquez, presidente de la Real Audiencia de Quito envió la siguiente carta al rey sobre el incidente:

“El lugar donde topó La Capitana, si allí hubiese varado, sería imposible sacar la plata, porque es de peñas y puntas (que la gente del mar llama ratones), pero donde varó, aunque la mar es brava, ha sido servido Dios de que sea un lugar limpio y ni es cenagoso, ni arenoso, sino que es tieso, con que todos los días se iba sacando plata, el paraje es junto a la Punta de Santa Elena, que llaman del Negro, que dista de La Capitana una cuadra, y está entre la Punta de Carnero y Chanduy, ensenada que hace la mar desde la Punta de Santa Elena, hasta la Punta de Piedra”.

Esta carta es la mayor pista de la ubicación del naufragio, pero la comunicación menciona un área marina bastante extensa por lo que la búsqueda a través de los años ha sido en su mayoría ineficaz, también debido a que muchos datos histórico-geográficos del tema han sido muy ambiguos.

Al igual que mi abuelo, muchos otros locales y extranjeros se creyeron capaces de hallar el tesoro perdido. Investigadores independientes realizaron diversas búsquedas marinas en los 80s y 90s, pero sin grandes resultados.

La recuperación

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Finalmente en abril de 1997 Subamerica Discoveries solicitó al estado la presencia de inspectores el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural y la Armada del Ecuador para proceder con la extracción del tesoro de la Capitana, encontrado frente a la población El Real en Chanduy. Además de las monedas coloniales, se recuperaron fragmentos de botijas, cubiertos de plata, vajillas de peltre, dos objetos de oro, un compás de bronce y balas de plomo para mosquete.

La noticia de que el tesoro había sido encontrado rodó por todos los canales de tv, yo y mi familia escuchábamos atentamente los detalles, no porque sintiéramos algún derecho sobre lo recuperado sino porque la noticia nos devolvía un pedacito de Don Nelson, mi abuelo de figura fuerte y mente fantástica.

Las piezas rescatadas se trasladaron a la reserva del Banco Central en Guayaquil, luego se las dividió en dos lotes, uno para el equipo extractor y otro para el Estado, Ecuador escogió el lote B y lo trasladó al INPC en las Peñas.

La trama se complica

En el 2008 se iniciaron nuevas exploraciones. En ellas se buscó verificar si el lugar correspondía o no al naufragio del galeón, de acuerdo a las dimensiones de las maderas halladas en el fondo:

“Se pudo examinar la quilla de esta embarcación y se concluyó que pertenecía a un navío de unos 20 metros de eslora y cuya capacidad estaba entre 200 y 300 toneladas, descartándose que los restos correspondieran a La Capitana, pues de acuerdo con la documentación histórica, su capacidad era de 1200 toneladas, de grandes dimensiones en manga y eslora. Lo que podemos concluir es que los bienes culturales del sitio corresponden a aquellos embarcados en la Capitana pero que estaban siendo trasladados a tierra por otra nave de rescate que por causas desconocidas también zozobró”.

Esta es la conclusión que se registra en el informe de Patrimonio Cultural sobre monedas coloniales, e inclusive se considera la teoría de que La Capitana, luego de haber sido quemada para poder acceder a las monedas de plata, sufrió los efectos de la erosión y a través de los siglos, sus restos fueron cubiertos por sedimentos marinos “a la espera de su descubrimiento definitivo”.

Ok, entonces ¿eso significa que La Capitana aún no ha sido encontrada?  ¿Qué aún está sumergido en nuestras costas ese asombroso contrabando?

Eso les pasa por no escuchar a mi abuelo.

….

Bonus Track: La Leocadía

La Leocadía zarpó de Paita, Perú con destino a Panamá a mediados de 1700 con 2 millones de pesos de oro y plata, la embarcación naufragó cerca de las playas de Santa Elena, se perdieron más de 140 vidas. Durante el año siguiente los españoles rescataron cerca del 90% del cargamento oficial, pero se dejaron atrás casi 200.00 monedas, sin contar el posible contrabando. El naufragio fue hallado a fines del siglo XX, o al menos parte de sus monedas. Mi abuelo  conocía de la historia de esta embarcación y pensaba que podía encontrar algo de este naufragio también.

La cereza:

Puedes comprar por internet vestigios de este naufragio: http://www.treasureexpeditions.com/artifacts_leocadia_shipwreck.htm

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6 thoughts on “Mi abuelo, la Capitana y un tesoro perdido”

  1. Gracias Daniela por escribir esta corta historia de un sueno de mi padre.Muy bien narrada.,El tenia la ubicacion de una parte importante de este tesoro lo hizo con un detector de metales que compro y lo que pedia era maquinaria necesaria para poder sacarlo.Varias veces lo acompane …paso el tiempo y luego de su muerte leo en la revista Vistazo un amplio reportaje sobre la Leocadia…eran verdaderos todos los argumentos que decia.Las historias como cuando me decia que espiritus cuidaban celosamente este tesoro…que por varias ocasiones llevo gente de la peninsula para con palas excavar …pero cuando estaba el hueco un poco profundo la arena sacada regreso y casi mueren enterrados los trabajadores…era casi imposible hacerlo de esa manera.Si era como una obsesion por mucho tiempo…luego ya no insistio…no tuvo apoyo,quizas no le creyeron…pero el tiempo le dio la razon.

  2. Que recuerdos trajiste a mi memoria,aquellas historias que casi en secreto compartia con nosotros , la ubicacion del lugar donde enterraron la carga,en circunferencias de 50 metros desde el centro donde lo marcaba una barra como centro.cuantas veces fuimos a la playa entre punta carnero y punta Anconcito…las monedas el mar arrojo por mucho tiempo y la gente las recogia,las compraban entre ellos mi abuelo Domingo,pero mi padre queria hallarlo.GRACIAS por traerlo al hoy con la nostalgia de un ser fantasioso y creativo como mi padre.
    quiero una copia de la foto,por favor

  3. Siempre atrazada, no lo habia leido, pero hoy me senti muuuy orgullosa de mi hija Daniela que con tanto amor se refiere a su abuelo, y me hizo recordar momentos que compartimos con el sobre esta historia que a veces nos hacia soñar que podria mi papi encontrar el tesoro y seriamos muy ricos, pero al fin nos entrego el tesoro mas bello que fue nuestra familia. gracias Dani.

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