02: Disciplina

Llegamos una hora tarde a la cita con la directora de la escuela por un asunto de distancia y confusiones horarias.

Iba conversando con Andrés en el carro, yo me quejaba de como es injusto que todo el peso de la reproducción humana recaiga en la mujer, todos los cambios físicos los tiene la madre, la naturaleza que debería ser equilibrio me ha fallado en ese ámbito. Él alegaba que es más eficiente de esa forma “si dividimos esa responsabilidad entre dos hay más posibilidades de fracaso”, él piensa estadísticamente y yo le doy la razón (en secreto pienso que es porque los hombres son más vagos para esas cosas).

Es curioso que las gallinas sean más semejantes genéticamente a los dinosaurios que a los mamíferos. Pienso que tal vez el siguiente paso evolutivo de los seres vivos es ser aves, ser ovíparos tendría su ventaja; como los pingüinitos del documental, el papá podría cuidar al huevo mientras la mamá se va de fiesta, nadie debe abstenerse de sus vicios y sería un trabajo en equipo. Todos ganan.

“En lugar de abortos tendríamos tortillas” fue mi comentario incómodo al respecto (seguíamos hablando de esto en el carro), pero Andrés me hizo notar que si fuésemos ovíparos todos los omelettes serían una abominación, y es verdad seguro existirían leyes al respecto, activistas y hashtags también, por supuesto.

Sé con anticipación que llegaremos tarde a la cita con la directora, ya llevamos diez minutos de atraso y aún falta un tramo por recorrer. Esto me causa ansiedad, tengo una terrible fijación con la puntualidad y con el tiempo en general. Siempre pensé que si alguien te decía a las 2 de la tarde se refería a las 2 de la tarde y no a las 4. A veces me siento sola en esta noción.

Mi papá siempre llegaba tarde, en mi corazón ya sabía que llegaría tarde pero nunca dejé de esperar que llegara a tiempo. “Te recojo en media hora para ir al Policentro”, llegaba en hora y media. Más de una vez fui la niña que lloraba porque no la venían a recoger de una fiesta. Y me gustaba esperar en la ventana (drama queen alert), viendo hacia la calle, pensando que el próximo carro que pasaría sería él al fin.

Es chistoso como a pesar de que su impuntualidad me convirtió en una persona en exceso puntual (no le causaría a nadie la misma angustia que me fue causada), terminé casada con el hombre más impuntual del mundo, karma o daddy issues, no lo sé, ya he aceptado que es posible que el tiempo transcurra de manera diferente para cada persona, o al menos para él.

Llegamos a las 9:00, en el diario escolar decía 8:40, a ella le comunicaron que íbamos a las 8:00. Igual nos atendieron con buena actitud. Por un segundo tuve la sensación de que nos retarían por el atraso. Sin embargo, a esta edad ya todas las posiciones de poder han sido desmitificadas, los rangos no significan tanto como antes, lo cual es agradable, la conversación lleva un mismo tono, entre adultos ninguno es menos y ninguno es más. El diálogo es posible.

La buena noticia: mi hijo no está tratando mal a sus compañeros, no está sacando malas notas, no roba loncheras, no piropea maestras, ni siquiera cuenta chistes malos; es buen alumno y participa con entusiasmo.

La mala noticia: nadie le entiende la letra. Se vienen las obligatorias planas de caligrafía. Agh dirá él, agh digo yo. Estamos en la era digital, pónganlo a tipear.

Entiendo que escribir a mano es pedagógicamente más efectivo. Está bien, está bien, haremos las caligrafías.

Nunca me salió bien la letra manuscrita, cuando cambié a letra imprenta mi vida mejoró inmensamente. Bajé tres kilos en dos semanas.

Es irónico que después de tantos años luchando por eliminar estas ideas de autoridad y rangos, después de toda la inversión emocional puesta en suavizar esa sensación de que los padres de uno siempre tienen la razón (porque luego uno sabe que no la tienen), resulta que ahora el rol se invierte por necesidad y debo convertirme en una figura de autoridad ante los ojos de mis hijos y obligarlos a hacer deberes y planas de caligrafía, por su bien, como hicieron los míos.

Supongo que, como diría Simba (¿o Rafiki?), así es el ciclo de la vida.

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