06: Ella

– Los Cerditos matan al lobo

– No, que no lo maten

– ¿Entonces?

– Que lo pongan en el fuego y de ahí se vaya corriendo

Las niñas no se decidían sobre cual iba a ser el destino final del lobo que sopló y sopló y las casas de los cerditos derribó. Al menos estaban de acuerdo en que él debía responder por sus actos de opresión a al comunidad porcina.

En el capítulo de hoy los Bubble Guppies (como Snorkles modernos, si naciste en los noventas no prestes atención a esta referencia), explicaban qué es un actor y qué es una obra de teatro, presentaron “Los Tres Cerditos” (el éxito de Broadway).

Un par de horas más tarde, mientras Cristina jugaba con Millie, la nena de la señora que me ayuda en casa, escuché como le repetía la explicación de actores y teatro a su amiga. Encontraron una pequeña caja de cartón y la bautizaron como su cámara (su generación es más de videos que de teatro), cada una asumió un papel (Cristina era el lobo) y la otra la “filmaba”. Mi hija daba órdenes de dónde debía ubicarse su actriz y qué palabras debía decir, luego intercambiaban los roles.

Cuando terminaron de “filmar” le pidieron a la mamá de Millie que se acerque ya que también la iban a hacer participar del video, le pedían que diga ciertos diálogos y ella les seguía el juego. Luego la invitaron a ver en el visor de su cámara imaginaria todo lo que habían “filmado”, Cristina repetía los diálogos para recrear que estaban viendo lo grabado. Yo veía todo desde atrás del monitor de la computadora en la que estaba trabajando.

No podía parar de reír, siempre me hacen reír las locuras de mis hijos, de hecho la forma en la que ellos me hacen reír es una de las cosas más bacanes de ser mamá.

Mi pequeña se ha vuelto una niña muy elocuente, cada vez más difícil de distraer o engañar, no hay excusa que yo pueda poner para no jugar que ella no desbarate con su lógica y sus “soluciones”. Ella jamás se rinde cuando en verdad quiere algo. En ese sentido se parece a mi.

Recuerdo como al principio, ella ocupaba solamente el espacio entre la punta de mis dedos y mi codo. Si el amor pudiese tener olor, sería el de su pequeña cabecita, un perfume maravilloso que se combinaba con la suavidad de su cortísimo cabello.

La princesa de la casa ya tiene tres años, ambos brazos no me alcanzan para cubrirla y a veces necesito hacerle trenzas para que esté peinada por más tiempo. El olor de su cabecita, aunque distinto, me sigue encantando y sus juegos son tan elaborados que muchas veces envidio su creatividad.

A veces me pregunto quién será esta niña cuando sea una mujer, no puedo definirla ni limitarla, la imaginación no me alcanza. Me parece que ella es tan especial que es casi mágica. Sé que piensan que digo esto porque soy su mamá, tienen absolutamente toda la razón.

Aunque puede ser confuso que ella pida pancakes para cenar, esté obsesionada con la preparación de cupcakes, disfrute más de la idea de pasear que de los paseos y que me diga cada vez que regreso de alguna salida si le traje algo (así haya salido de casa solo al patio para meter al gato); para mi son justamente estos detalles los que me atan y me muestran cada día nuevas facetas de un mismo amor.

“Así es la magia, ilógica”.     Andrés.

 

 

 

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