15: Caos

Cada vez que guardo los crayones, mágicamente regresan al piso. La maga es mi hija de tres años, quien se acuerda de sus ganas de pintar solamente una vez que ve la ausencia de sus crayones. A veces va a al escritorio de su hermano y toma los marcadores de los colores que más le gustan. Hace rayas en sus libros de colorear, y en sus manos, sus piernas, su ropa, la cama y las paredes, cuando me doy cuenta ya va a destapar el segundo marcador. Se los quito mientras le explico que no debe rayar fuera de sus libros. Llora.

Mi hijo mayor en cambio, es de esas personas que al sacarse la ropa la deja no encima y no dentro del cesto de la ropa sucia sino al lado, en un elegante bulto amorfo. Todos los días lo reto, todos los días continúa haciéndolo. Así como continua olvidándose de traer justamente el cuaderno de la materia que tiene que estudiar para el día siguiente.

Diariamente quedan en el piso de mi cuarto espadas, moldes de plastilina y lápices de colores, algunos son llevados a su lugar por sus dueños, algunos se quedan en mi cama de donde los muevo a mi escritorio cuando necesito acostarme. Y sobre el escritorio se quedan por largo tiempo, creando una montaña de objetos alrededor de mi computadora que al menos una vez por semana debo despejar.

Somos una familia de cuatro. Cada mañana hago cuatro desayunos. Cuatro personas que conviven en un mismo espacio físico, viviendo cada hora y cada minuto con diferentes intereses y gustos. Entreteniéndonos, unos con juguetes, otros con libros, otros con videojuegos. Una familia de cuatro, donde nada ordenan tres.

Es como tratar de cavar un agujero en la orilla, donde constantemente la marea sube a taparlo. Uno cava y cava pero nunca llega a ningún lado.

Los fines de semana son complicados. Porque los niños no nos dan las horas de ventaja de la escuela. Estar en casa les abre el apetito, y mientras más comen, más ensucian. Con el pasar de las horas los platos empiezan a acumularse, los juguetes empiezan a ocupar más espacio en el piso y pronto será la hora de ir a almorzar con mi familia. No tengo tiempo de arreglar o llegaremos tarde.

Entonces entre quejas e incontables preguntas visto a la menor, el mayor puede hacerlo solo, ella se emociona y me pide que le lleve un traje de baño por si su abuelo la puede acompañar a la piscina. Mientras yo me arreglo ella me golpea la puerta mientras canta: “¿Y si hacemos un muñeco?”, y espera que desde mi lado de la puerta le grite: “déjame en paz Ana”, en parte si quiero que me deje en paz, pero no se lo digo.

Tener hijos es tener caos, quién me diga que se puede tener una casa en orden con dos niños menores de diez años en la casa  está mintiendo o tiene un régimen disciplinario o de higiene muy extremo. A veces quisiera tener un total desapego material y botarlo todo, deshacerme de todo lo que he acumulado a lo largo de mi vida y que continua conmigo, peluches, libros y cartas que llenan mis repisas con ideas y recuerdos.

Uno de mis personajes favoritos de la tv siempre fue la bruja de “Hechizada”, quien con solo mover la nariz podía poner a los platos a que se laven solos. Jamás entendí porqué su esposo no quería que ella use sus poderes, si mi esposo fuese mago, lo obligaría a que use su magia para irnos de crucero por el Caribe sin gastar mucho, o que me ayude a comer sin nunca engordar. Darrin era un tarado.

Quisiera que fuese así de fácil poder tener el control de todo (niños incluidos), pero no lo es. Cada cosa es una guerra diferente, cada aspecto de la vida en una misma casa es una pequeña y frágil conquista, un terreno que se gana y en cinco minutos se puede volver a perder. Las negociaciones de paz se vuelven complejas, a veces hirientes, y nunca cesan porque una familia es algo dinámico y cambiante, se transforma con el tiempo, las edades y los intereses de sus miembros; y se alimenta con sonrisas, apoyo y disciplina. En esta parte de la historia me toca ser la cabeza y guía, con todo y mi rotunda humanidad, a veces es tan difícil que no sé como lo voy a lograr. Me persigno, como si hiciera diferencia, apago el despertador y vuelvo a empezar.

 

Anuncios

3 comentarios en “15: Caos

  1. Reblogueó esto en Una Madre Locay comentado:
    Este mes les comparto un sentimiento propio expresado en palabras ajenas. Palabras veraces, tangibles, que nos saben a cotidianidad y nos hacen sonreir; palabras bien escogidas por la siempre brillante Daniela Anchundia, mi doble-colega en el mundo de la maternidad y la bloggósfera. Con ustedes: Caos

  2. Desde el futuro, 20 años mas adelante, cuando casi todos los hijos ya se fueron, mientras hago el café del desayuno miro nostálgico por la ventana y recuerdo cuando corrían hacia la puerta para no perder el bus del colegio (esa era una rutina diaria), mas vale que lo alcancen, llevarlos era otra aventura. Extraño los bultos de ropa sucia que nunca recogí, los “súbanse al carro que nos vamos a la casa de los abuelos” o donde sea, y todos subían sin chistar… Recuerdo la refri vacía, víctima de una larga noche de juegos en internet de mis hijos y sus amigos, mientras se me humedecen los ojos, debe ser la edad, digo para consolarme. En todo caso, el mensaje es, disfruta esa etapa inolvidable con tus hijos, puede ser extenuante, sacrificada y demandante, pero mas adelante la vas a extrañar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s