18: Rol

– Van por un camino de tierra, la carreta las lleva a toda velocidad, pero los Lupinos los están alcanzando, Daniela, ¿qué haces?

Íbamos sobre esa carreta mi amiga Silvana y yo, ella era una vampiro del clan Toreador,  y yo en cambio, era una Gangrel.

– Entonces Daniela, ¿qué haces?

– Lo mismo que haga ella

Ya hace varios días un pana de la U me había invitado a participar de una noche de juegos. Yo acepté sin entender exactamente de qué se trataba.

Recuerdo que llegué a la casa de Eduardo, quien era mi compañero en alguna materia de la U, y me recibió un afectuoso chico de cabello largo y pantalón otavaleño llamado Virgilio, estaba además Silvana, quien hacía una dulce pareja con Eduardo y Carlos quien me había invitado a esta extraña reunión.

Lo primero que me mostraron fue el libro de reglas, para que escoja mi clan, escogí Gangrel pues soy amante de los animales y se veían bastante fuertes. Cada uno me explico de qué clan era y nos sentamos en una mesa con nuestras hojas de puntos. Entendía que estaba haciendo un personaje, no entendía como demonios se jugaba esto.

Pasé toda la sesión observando, casi sin actuar, dejándome llevar por lo que hacían los demás. El juego, aparentemente, se trataba de decir en voz alta lo que uno quería hacer en el juego, dentro de la historia que una persona narraba, me pareció muy interesante así que reincidí.

Me tomó algunas sesiones ganar la confianza de declarar mis acciones ante un Dungeon Master pero luego de eso todo fue emoción, mi personaje crecía y cada vez le tenía más aprecio. Mandrágora, Mandy para los amigos, era una vampiro en la edad media con poderes animalísticos variados. Mató a más de un hombre lobo y a varios enemigos. Era terrible para los asuntos sociales o políticos y además tenía el cabello negro y rizado, o sea era completamente igualita a mi (¿te está molestando un hombre lobo? Give me a call).

Al rol le debo dos cosas muy importantes en mi vida: la primera es mi amor por el género de la fantasía, la construcción al detalle de estos mundos me deslumbraba como nunca pudieron hacerlo por ejemplo mis amadas lecturas de autores latinoamericanos. Lo segundo que le debo al rol es haber conocido a Andrés.

Fue una tarde de fin de semana, me había ausentado del grupo un tiempo debido a un viaje familiar.  A mi regreso me comentaron que había dos nuevos jugadores en el grupo y que jugaríamos en la casa de este chico llamado Andrés (el otro chico se llamaba Azael, y no ese no era el nombre de su personaje). Recuerdo que había vuelto de Galápagos muy bronceada y que me puse una blusa muy escotada, el muchacho no tenía oportunidad.

Me gustó cuánto me hizo reír, le caché todas las referencias y nunca dejó de sonreír. Al salir le dejé uno de los souvenirs que había traído de mi viaje. Andrés me había caído muy muy bien. Fueron varias sesiones de rol y larguísimas llamadas telefónicas después que él se animó a decirme que estaba interesado en mi. Yo, gil como siempre, me sorprendí de ver algo que todo el tiempo estuvo ahí. Dudé por un momento, pero decidí que debíamos salir. No tomó más que una salida al cine y algo de comida para darme cuenta de que yo también estaba algo más que interesada en este chico alto y divertido con quien no podía parar de hablar.

Las primeras semanas escondimos el romance del resto de nuestros compañeros de juego, era emocionante darnos las manos a escondidas debajo de la mesa. Encontrarnos antes de que llegue el resto, demorarnos más en las despedidas.

En realidad sé que en medio existieron algunos mini dramas como en todo, pero no es necesario hablar de ellos (tal vez otro día, van a tener que seguir leyendo). Fue claro que el secreto no duraría mucho, pero nuestros amigos estuvieron felices por nosotros.

Cuando pienso en esta etapa de mi vida, siempre lo hago con cariño, porque siento que lo encontrado allí nunca lo voy a perder: el gusto de estar entre personas que disfrutan de crear historias, el sentido de pertenencia, la conexión creativa, el amor y la amistad. La experiencia nueva y divertida que la nerd que soy siempre estuvo esperando.

Son muchos años ya sin dedicarle mis noches a este tipo de juegos, en parte por falta de interés y en parte por falta de tiempo. Sin embargo hay un bichito que no muere, y que se está desperezando dentro de mi, tengo ganas de descolgar los dados, sacar punta a los lápices y empezar a crear, colectivamente, algo de donde nada hay.

Esta vez quiero ser yo quien escriba la historia, me ha tomado como catorce años de calentamiento, pero creo que tengo potencial.

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