22: Como panas

Faltaban quince minutos para que empiecen a llegar los invitados. Me dolían los pies y tenía una funda plástica en la cabeza porque me estaba retocando el tinte que llevo en las puntas de mi cabello y no quería manchar mi blusa. Andrés tocaba Sweet Home Alabama en la guitarra, y con esa melodía empezamos a escribir (él más que yo) una nueva letra acerca del día en que Fer puso un cartel pàra que lo desbloquee Liz.

Nuevamente un programa en vivo de nuestro podcast, escribimos jueguitos y concursos literalmente hasta el minuto en que llegó la primera persona a nuestra casa. Todo fue algo improvisado, pero a veces, eso suele ser más efectivo.

Los programas en vivo que hacemos en nuestra casa tienen ánimo de fiesta, de hecho son más una fiesta con un programa en medio y eso es perfecto, ya que es lo que esperamos transmitir en el audio final, risas, comentarios inapropiados pero espontáneos y situaciones incómodas pero divertidas.

El viernes previo a la celebración la nena había pasado toda la noche tosiendo. Entonces el sábado añadimos a la súper ocupada agenda que ya teníamos, una cita con la pediatra. Ese día no paramos, cambiamos todos los muebles de lugar, guardamos algunas fotos, sacamos los cestos con ropa, los cuadros sin lugar y los papeles sin organizar. La casa parecía limpia, ni se notaba que una tropa de infantes habían hecho de las suyas. Una casa en modo fiesta.

Mi familia solía empujar hacia la pared el comedor y distribuir las sillas en lugares estratégicos de la casa, pàra armar la pista de baile. En esa casa se festejaron todas mis fiestas y las de mis hermanos. Me alegra tener ahora en mi casa mi propia configuración fiestera. Mis hijos tendrán seguramente sus propias fiestas aquí, para entonces ya habré probado todas las combinaciones posibles y sabré cuales son las más efectivas.

Ese sábado del programa los chicos debían ir a la peluquería, yo debía comprar ingredientes para bocaditos y cervezas, la niña al pediatra, recoger sillas y mesas de casa de mi suegra, conectar y probar los equipos y por supuesto hacer el guión del programa. Lo logramos todo.

A las nueve en punto llegó Eduardo, nunca falta el amigo puntual que te cacha con la funda en la cabeza. Él ya había empezado la fiesta en otra parte así que no temí que juzgara mi look, le ofrecimos de nuestros sanduchitos recién hechos y me fui a vestir para la ocasión. Antes de poder bajar a recibir a los invitados que iban uno a uno llegando a nuestra casa debía hacer dormir a los niños, asombrosamente, también lo logré.

Bajé a la fiesta exhausta pero entusiasmada, saber que hay que hacer un show es adrenalina pura. Los panas llegaban con six packs, con hieleras llenas de cerveza, con dips, con hielo, la fiesta la armamos entre todos. Nunca faltó cerveza, fue como ver a Jesús multiplicar los panes y los peces, pero con Club Verde, fue mágico.

Tuvimos que apagar el aire para obtener buena calidad de audio, así arrancamos con “Como sauna te digo”. Las notas en el ukelele, la conversación rara de las segundas veces, la gente participativa, los concursos con las personas apropiadas, generamos momentos, creamos reacciones, la gente se reía, el programa fluyó. Ante los aplausos finales prometimos volver a encender el aire y la multitud enloqueció.

Al terminar el programa hablé con Andrés, estaba muy orgullosa de que esta idea que nació el miércoles ya esté grabada y lista para distribuirse el sábado, el Team Vera Anchundia salió adelante, necesitaba darle un beso.

El resto de la noche fue conversar y beber entre amigos, los que nos escuchan, los que no escuchan, los que han sido entrevistados una vez, los que han sido invitados al programa varias veces; gente con cosas que decir, que apoyan lo que hacemos y que se divierten junto a nosotros. Gente linda.

El último grupo se fue de nuestra casa alrededor de las 4am, caímos rendidos hasta las 7:30am, cuando nuestra pequeña hija nos despertó. Las amanecidas con niños pequeños son terribles, no hay tregua, pero sarna que gusta no pica.

Hoy, revivo en mi mente los mejores momentos de aquella noche, y lo que más alegría me causa no es que hayamos tenido una linda fiesta o un lindo programa. Lo que más disfruto es ver el camino recorrido con un proyecto que es de Andrés y mío, una semilla que hemos cuidado juntos y que empieza a crecer y mostrar sus verdes hojas al mundo. Tenemos las ideas, tenemos el impulso, trabajando juntos lo podemos todo.

 

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