25: La Poeta

Cuando las cosas constantes cambian, el aire pesa menos; hasta el más ligero movimiento es importante ante una inmovilidad que parece eterna.

No sé si es la ciudad la que se está despertando o si soy yo la que está prestando más atención.

Cuando leí por primera vez “Slam de Poesía” pensé inmediatamente en rap, en el Eminem de 8 Mile. Me imaginé un poeta lanzando una rima y a otro respondiéndole:

“En la misma calle del olvido, dejo tu boca hasta el amanecer”

“Deja mis labios para otra noche, me vuelvo real cuando el sol vuelve a nacer”

Algo así, pero súper improvisado. ¿Se imaginan? Habría sido genial.

En todo caso no, no era este el objetivo, no era rap poético lo que se pretendía mostrar, era poesía sola, normal y al natural. Pensada y construida con antelación, nutrida de intención, armada con el corazón, como suele ser siempre con este género.

Mi amiga Diana me animó a inscribirme.

A veces soy una adulta con la inseguridad de una niña. Tenía miedo de no tener el nivel necesario para competir con otros poetas…cielos…ni siquiera me había animado a llamarme a mi misma poeta, porque le pongo siempre una carga snob al título, algo que ahora sé no es más que un prejuicio.

Andrés y yo nos encontramos con Diana en la entrada de Diva Nicotina, antes de entrar al bar subimos al primer descanso de las escaleras del cerro, para comer algo. Una conversación preliminar, una cerveza preliminar. También fumamos un cigarillo, sin humo ni alcohol nadie me respetaría como autora de nada.

Fui la primera de diez participantes. Había tenido un día muy pesado y no conseguí ensayar, tuve que leer con intención y básicamente ponerle fe. Creo que salí bien parada a pesar de no haber gritado, ni actuado, ni declamado. Fui yo misma con mis palabras y eso fue suficiente, al menos lo fue para mi.

No gané, pero me sentí muy ganadora. Me atreví a revelarme (perturbadora, inquieta), a exponerme con mis letras para que otros mucho más profesionales me juzguen, para que otros poetas me escuchen y se hagan una opinión personal de mi talento, me moría de miedo de no dar la talla pero me atreví y me sentí bienvenida.

El estigma del ambiente cultural un poco snob al que había sido expuesta durante mis años de universidad me hicieron esperar lo peor, y fue muy agradable ver a mis expectativas romperse. No vi poses, vi ideas legítimas, personales y originales. Y dejó de importar el nivel o la competencia, tantos diferentes estilos construyeron el marco de una noche muy interesante.

Las micheladas llegaban y las inhibiciones se iban. La conversación no decaía, la confianza nos permitía juntarnos en la misma perspectiva del entorno y brindarnos en complicidad muchas risas.

Nadé como pez en el agua y tengo ganas de volver a nadar.

Tengo que empezar a creer más en misma.

En mi cabeza siempre las dudas bailan en conga, ya es hora de que vaya a apagarles la música.

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