La maternidad es un camino solitario

Esto no es lo que yo quería, pero…ya no recuerdo qué quería.

Lo urgente me atropella minuto a minuto, día a día, semana a semana y antes de poder sacudirme de mis rutinas autoimpuestas, el tiempo que no perdona nada me devuelve un reflejo en el espejo muy diferente del concebido en mi mente.

Un sacrificio hecho por amor no deja de ser sacrificio.

Y el mundo afuera sucede, mientras en mi fortaleza yo reino pero ¿a qué precio?

La maternidad es un camino solitario, la soledad no es física (paso el 90% de mis días acompañada), es social, es consecuencia de la incapacidad de ser impulsiva, de tener que planear cada salida como si fuese un viaje a Europa.

Me siento sola porque al decidir tener hijos acepté ser responsable de la vida de otros seres humanos y eso me obliga a estar siempre a cargo.

Cuando era niña y nos íbamos a la playa en familia, mi única responsabilidad era acomodarme en el asiento trasero y dormir durante todo el camino, ahora yo tengo que conducir el vehículo. Ya nadie puede estar a cargo mientras yo duermo en el asiento trasero, ese lujo, o esa ilusión, de que puedo relajarme mientras alguien más se encarga ya no existe.

Aún cuando me voy a dormir, hay una parte de mi que continua siempre alerta, ese pedacito de conciencia que siempre está despierto por si mis hijos me necesitan. Estoy siempre de guardia, sola.

Sola en la incapacidad de los demás de comprender cómo me siento, una historia que se ha repetido a través de los años, a lo largo de la vida de las mujeres, esa historia que es la mía pero que también podría ser la tuya.

Quiero compartirles un extracto del artículo “La cautividad del matrimonio” de Nora Johnson:

“Si la madre joven está en el campo, los niños jugaran en el patio y ella los verá desde la ventana, si está en la ciudad podrá sacarlos en un coche o un triciclo. Hablará con sus amigas en estas salidas como solución a la soledad. Su día estará lleno de presiones, algunas diminutas, otras gigantes. Sus dos preocupaciones principales serán el dinero y las enfermedades. Si nadie de la familia se enferma en dos semanas, se considerará afortunada porque sabe que cada gripe dará la vuelta por toda la familia.

Durante los periodos de salud buscará mejorar su hogar, aprender a cocinar algo nuevo, hacer algo con respecto a su imagen, ofrecer una cena o un cumpleaños, ir al teatro con su esposo, ponerse al día con su lectura o tomar un café con una amiga. Su vida oscila entre ser muy organizada y completamente desorganizada, porque tiene la lucha de todas las mujeres: mantener el orden en la casa sin ser una molestía constante al tratar de impedir que la desordenen. Debido a que los niños son creadores naturales de caos, ella constantemente lucha por mantener este balance.

Las demandas de su familia y su comunidad la hacen sentir, como lo estipuló alguna mujer: como una torta sin suficientes pedazos para todos. Dependiendo de si es o no gregaria, extrañará conversar con sus amigas o querrá tiempo a solas, mientras más ocupada esté, más querrá estar sola, para sentirse única y separada nuevamente.

Si su esposo ahora carece del misterio y la fascinación de las primeras noches, es ahora mucho más amado y apreciado. Las ocasiones en las cuales tienen tiempo a solas son las joyas más preciosas de su vida”.1

Este artículo fue publicado en 1961.

Y me vi en cada línea.

Siento que debería avergonzarme un poco por ser tan retro en esta modernidad, pero esta es mi verdad. Mi misión de madre se impone ante lo demás, para bien y para mal.

Porque siempre estoy a cargo.

La preparadora de comida, la que sube pantalones, la tiendecamas, a quien todos llaman cuando quieren algo. Y sigue siendo para mi tan intenso cuando a pesar de tener a mi hija en mis brazos, siento un hueco en el pecho al darme cuenta de que no he interactuado con ningún adulto en muchas horas, estoy sola mientras estoy con ellos, en la mitad de la noche consolando sus miedos.

Los seres humanos necesitamos conectar con otros seres humanos, y aunque la maternidad nos da tal vez la conexión más profunda que existe; ellos no te preguntan cómo estás, qué necesitas, o cómo te sientes. Ser mamá es un montón dar y casi nada recibir.

No me malentiendan, mis hijos me dan más felicidad de la que alguna vez imaginé sentir, es indiscutible, pero las complejidades del trabajo son reales. Suele bastarme un abrazo para devolverme la sonrisa, sin embargo, a veces, cuando la soledad se anida en mi corazón, estoy en mi derecho de querer más.

 

 

 

  1. The Captivity of Marriage http://www.theatlantic.com/magazine/archive/1961/06/the-captivity-of-marriage/308284/

 

 

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3 thoughts on “La maternidad es un camino solitario”

  1. No soy madre, pero te entiendo. Una vez una conocida me dijo (yéndonos a los extremos, claro) “Hay días en que no aguanto a mis hijos, quisiera declararme loca y dejarlos llorando o lanzarme por una ventana) entiendo ese cansancio y frustración. Porque la carga siempre va para la madre que se supone es la que los hace y los cría. Creo que debe haber un balance de quejas. Si te estresa algo que hacen tus hijos respiras, distraes y todo vuelve a ser normal. Creo que lo malo sería que todo el tiempo te quejes o reproches el ser mamá que te sientas inconforme con la no decisión que te tocó sobrellevar. Entiendo muchas cosas a pesar de no ser madre y a veces eso ofende a la gente que si lo es “TÚ QUÉ HABLAS, SI NI MADRE ERES!” Creo que esa es la diferencia entre esas personas y yo, que tengo la empatía, me identifico con algo que muchas veces no vives hasta físicamente. Es como esa frase de “Madre no es la que engendra, es la que cuida” yo me la vivo al pie de la letra, y soy capaz de sentir, molestarme o afligirme por algo que veo de algún niño muy cercano a mi. Pero hazle entender eso a terceros pues. Te entiendo Dani y no te juzgo. Eres buena mamá, te he visto en acción 💪🏻
    Besos

  2. Entiendo desde fuera la complejidad de ser padres, me duelen las libertades que se pierden, lo veo en todas mis amigas, en sus cansancios, y a algunas en sus frustraciones, sin embargo cuando hablan de ese amor inexplicable siento que ya están pagados. Estás en tu derecho de querer más sin sentirte culpable, eres genial Nanny, un abrazo.

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