Las orfandad de las princesas

– Mamá, ¿por qué los personajes de las películas muchas veces no tienen padres?

– Porque si tuvieran, la mamá les arreglaría todo en un ratito…y no habría drama.

Mi motivo principal para irme a bañar al mar en la playa de Salinas era poder jugar a ser La Sirenita, el mar me da algo de miedo, ir en un jet ski es bacán pero tocar la arena debajo del agua y que algo te roce la planta del pie (así sea una botella o funda) no gracias. Lamentablemente no se podía jugar a La Sirenita sin meter el pelo en el agua y levantarlo de golpe hacia atrás con estilo, ese estilo con el que Ariel sale del agua para no ahogarse cuando Úrsula le da piernas, ese “casi me ahogo sexy” que es tan chic.

Cuando tenía ocho años, Ariel era mi ídola: rebelde, pelirroja, valiente y con una vida llena de canciones. Ahora que tengo 34, pienso: muchachita del demonio que se escapa de su casa para ir a perseguir a un gil que ni siquiera le para bola, Tritón debió encerrarte en tu cuarto, sin celular.

Y pienso, claro lo que pasa es que a esta princesa, al igual que a otras, la dejaron huérfana de madre y no tiene una figura femenina positiva en su vida. Estas princesas desmadradas forman “La Sociedad de las Princesas Huérfanas” y suelen ser de pelis de los 80s y 90s. La nueva ola de pelis ya no siempre usa este recurso para que fluya el drama, creo que podemos decir que la orfandad en Disney ha decrecido en los últimos años, aunque no por completo -cof, cof, Frozen-.

Es verdad que tal vez con madres estas chicas ni hubiesen tenido sus respectivas aventuras fantásticas, pero seguro hubiesen tenido otras menos sufridas.

En un intento por contentar a mi lado materno, hoy quiero hacer el ejercicio de imaginar qué hubiese pasado si mis amigas del club de la orfandad, hubiesen tenido una madre que con amor, pasivo-agresividad y carajazos, las llevara por el buen camino.

  1. Ariel:

Habría llegado a tiempo al recital con sus hermanas, dos semanas antes del evento la mamá de Ariel la llevó a comprarse el traje y ese día la levantó más temprano para que desayune, esté “bien papeada” y no ande con “cara de desnutrida”.

-Mijita, si a usted le gusta ese muchacho Erick, hágase la difícil, que él la llame, que él la busque. Valórese, vea que usted es bien guapa. Mejor deje de andar pensando en novios y concéntrese en los estudios.

2. Bella:

– Mijita ese vestido parece delantal, y ya sino le gusta “la vida provincial” se aguanta porque mientras viva bajo mi techo eso es lo que hay. Vaya prepare la labaza.

Si la mamá de Bella hubiese estado presente cuando la Bestia la  encerró en su castillo, ella al día siguiente encontraba la forma de “hacerse amiga” del candelabro a punta de “no sea malito” y “vea que yo vivo lejos” para poder entrar y sino rescatarla, al menos asegurarse de que esté bien alimentada. Al cabo de un mes le estaría ordenando el closet a la Bestia.

3. Cenicienta:

Para empezar si hubiese tenido mamá que le lave la ropa esta chica seguro no habría aprendido a lavar ni un solo plato, no andaría sucia de ceniza y seguramente tendría otro apodo, de pronto se llamaría Cinthya o Ceniberta.

La mamá de Cenicienta no la habría dejado tener tantas mascotas porque “al final las que las limpia y alimenta soy yo” y le habría hecho una cita con el psiquiatra luego de ver su fascinación por coserle camisetas a los ratones.

Sin embargo, habría sido una prominente veterinaria.

4. Elsa y Ana:

Aunque Elsa hubiese seguido ocultando sus poderes de los demás tal vez Ana no habría crecido tan sola como para mantener aún después de la adolescencia esta fijación por construir muñecos de nieve. Elsa habría eventualmente aprendido a controlar sus poderes:

– Mijita, usted puede hacerlo, no se rinda, si su prima se aprendió las tablas a pesar de ser medio quedada, usted también va a poder, va a ver. Y ábrase el botoncito de la chaqueta, suéltese el pelo, enseñe lo que tiene, ya quisiera yo tener ese cuerpo. A ver siga practicando que yo la veo.

 

O sea, sé que al final todas ellas tuvieron sus finales felices, pero todo en la vida puede ser más fácil con una mamá que nos empuje hacia adelante.

Puede que las mamás nos den amor de formas un poco duras,  pero ellas hacen que las cosas pasen. Y ahora que yo soy una, entiendo que es mi labor como madre pegarles a mis hijos… unos carajazos de vez en cuando pero siempre recordándoles a los pelados que: “esto me duele más a mi que a ti”.

Lo cual a veces es demasiado cierto.

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