Morir es fácil. La comedia es difícil.

Los demonios internos duermen y despiertan a placer.

Hoy quiero compartir con ustedes la traducción de un extracto sobre la depresión, tomado del libro “Furiously Happy” de Jenny Lawson. Ella plantea el tema desde una entrevista personal que le hace su esposo.

Considero que a veces verse reflejado en las palabras de otro nos ayuda a sentirnos, al menos un poco, menos solos.

Lo que quiero que sepas: Morir es fácil. La Comedia es difícil. La depresión clínica no es ningún maldito picnic.

Parecería que hasta este punto en un libro sobre depresión deberías ya deberías haber explicado qué es la depresión.

Es difícil de definir.

Bueno, esto es un libro, tal vez intenta…

Está bien. La depresión es como… cuando no tienes tijeras para cortar esa cinta plástica gruesa de seguridad que traen las nuevas tijeras que acabas de comprar porque no podías encontrar tus tijeras. Y dices: “a la mierda”, y tratas de abrir las tijeras con cualquier otra cosa, pero solamente tienes cuchillos plásticos sin filo y no te ayudan en nada, así que te quedas de pie en la cocina sosteniendo las tijeras que no puedes utilizar porque no puedes encontrar las tijeras y te frustras y lanzas las tijeras en el triturador de basura y duermes en el sofá por una semana. Así es la depresión.

Quiero ser útil, pero no sé si eso significa que debo pedirte que elabores o pedirte que dejes de elaborar.

Ok. Déjame refrasear. Algunas veces la locura es un demonio. Y algunas veces el demonio soy yo.

Y visito calladas veredas y bulliciosas fiestas y películas oscuras, y un pequeño demonio mira el mundo conmigo. A veces, él duerme. A veces, él juega. A veces se ríe conmigo. A veces me trata de matar. Pero siempre está conmigo.

Supongo que estamos todos poseídos de alguna forma. Algunos de nosotros con dependencia a pastillas o a vino. Otros a través del sexo o las apuestas. Alguno de nosotros a través de la auto-destrucción o la ira o el miedo. Y algunos de nosotros simplemente llevamos nuestros pequeños demonios mientras ellos  desatan el caos en nuestra mente, rasgando y abriendo los viejos y polvorientos baúles de malos recuerdos y dejando los restos regados por todas partes. Usando la piel de las personas que hemos lastimado. Usando la piel de quienes hemos amado. Y algunas veces, cuando se pone peor, usando nuestra piel. Estas veces son las más difíciles. Cuando puedes verte confinada a tu cama porque no tienes la fuerza ni la voluntad para dejarla. Cuando te encuentras a ti misma gritándole a alguien que amas porque quiere ayudar, pero no puede. Cuando te despiertas en una zanja después de tratar de beber o fumar o bailar para quitarte el dolor- o su ausencia. Esos momentos en los que eres más demonio que tú misma.

No siempre creo en Dios. Pero creo en los demonios.

Mi psiquiatra siempre me dice: “Pero si crees que hay demonios, es lógico que pudiese haber un Dios. Es como…creer en los enanos pero no en los cíclopes”.

He considerado señalarle que he conocido varios enanos en mi vida y casi ningún cíclope, pero entiendo lo que me quiere decir. No puede haber oscuridad sin luz. No puede haber un diablo sin el Dios que lo creó. No puede haber bien sin mal.

Y no puedo existir yo sin mi demonio.

Creo que estoy de acuerdo con eso.

O tal vez es mi demonio quien lo está.

Es difícil saberlo.

¿Qué consejo tienes para las personas que están buscando ayuda?

Cada enfermedad mental es diferente porque cada persona es diferente. No hay curas fáciles pero hay tantas herramientas disponibles ahora que las personas finalmente están empezando a hablar al respecto. Tienes que descifrar como sobrevivir a la depresión, lo cual es difícil porque estás más exhausta de lo que has estado en tu vida y tu cerebro te miente, y te sientes indigna del tiempo y energía (que usualmente no tienes) que se necesita para buscar ayuda.

Por eso debes apoyarte en tu familia, tus amigos y hasta en extraños para que te ayuden cuando tú no puedes ayudarte sola.

Muchas personas piensan que son un fracaso si su primer, segundo u octavo tratamiento contra la depresión o la ansiedad no funciona de la forma en que querían. Pero una enfermedad es una enfermedad. No es tu culpa que la medicación o la terapia  que has recibido para tratar tu desorden no funciona perfectamente o funcionó un tiempo pero luego ya no. No eres un problema matemático. Eres una persona. Lo que funciona para ti no funciona para mi (y visceversa), pero sí creo, en que existe un tratamiento para todos, pero requiere tiempo y paciencia encontrarlo…

…esto es lo que me ayuda a mi: Luz solar, antidepresivos, ansiolíticos, inyecciones de vitamina B, caminar, permitirme sentirme deprimida cuando necesito estarlo, beber agua, ver Doctor Who, leer, decirle a mi esposo cuando necesito que alguien me vigile, hacer un mix de canciones que quiero escuchar pero que sé que me van a poner peor, hablar con personas en twitter cuando no tengo ganas de salir al mundo…

¿Y qué cosas no ayudan cuando estás deprimida?

Puedo decirte que un “Ya, alégrate” es casi universalmente visto como la cura más inútil que hay. Es el equivalente a decirle a alguien a quien le han amputado una pierna que se cure caminando. Algunas personas no entienden que para muchos de nosotros, la enfermedad mental es un severo desbalance químico que va  mucho más allá de “está depre”, esas mismas personas bienintencionadas son las mismas que me dicen que  soy yo quien no me permito a mi misma recuperarme porque realmente debería “alegrarme y sonreír más”. Es entonces cuando considero cortarles los brazos y luego culparlos por no recoger sus brazos cortados para que los puedan llevar al hospital a que se los vuelvan a poner.

“Pero solo tienes que levantarlos y llevarlos a que te los arreglen. AY NI QUE FUERA TAN DIFÍCIL. Yo recojo cosas todo el tiempo. Todos lo hacemos. Y no, no te voy a ayudar porque esto es algo que deberías aprender a hacer tú sola. Yo no voy a estar siempre cerca tuyo para ayudarte, sabes. Estoy segura que podrías hacerlo si tan solo lo intentaras. Honestamente, es como sino quisieras tener brazos”.

Ya, está bien, sé que no es la analogía perfecta porque usualmente no pierdes los brazos debido a desbalances químicos involuntarios. A menos que yo te corte los brazos debido a mi desorden mental, en cuyo caso técnicamente sí podríamos decir que un desbalance químico causó que se te cayeran los brazos. Así que todos corremos peligro. Supongo que mi punto aquí es, que todos sufrimos cuando a las enfermedades mentales no se las toma en serio.

 

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