Wonder Woman: La fuerza de lo vulnerable

“Es nuestro deber sagrado defender el mundo, así que eso es lo que voy a hacer”.

 

Cuando a mi hermano le compraban un muñeco de Batman o Superman, a veces, venía gratis, pegada a la caja de esos muñecos, una Mujer Maravilla. Esta figura de acción cruzaba los brazos y juntaba sus brazaletes cuando se le juntaban las piernas y por supuesto, a mi hermano no le interesaba en absoluto, así que me la regalaba.

Él construía bases de operaciones para sus héroes y sus villanos, ataba piolas de un extremo a otro de su cuarto para que los muñecos se deslicen de un lugar a otro, tenía una cantidad impresionante de muñequitos de superhéroes. Yo me conformaba con que algunas veces me permita entrar a su habitación para ser una espectadora de sus historias de aventura.

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Y bueno, yo sólo tenía a la Mujer Maravilla, así que cuando mi hermano no estaba yo aprovechaba y sacaba todos sus muñecos para hacer mi propias aventuras en las cuales, algunas veces la Mujer Maravilla tenía que salvar a todos los demás de los malévolos planes del Pinguino, y otras muchas veces yo me dedicaba a planear su elaborada boda con Superman (perdóname Lois).

No mucho después llegó a mi vida Lynda Carter; la mujer más hermosa que había visto en mi vida, personificando a mi heroína y haciendo mucho más que cruzar los brazos cuando le unían las piernitas. Yo era muy pequeña, no recuerdo nada de la serie más que la canción y claro, me recuerdo a mi misma, girando como un trompo para jugar a transformarme en alguien increíble, usando mi súper fuerza para defender a los desprotegidos y pelear por la justicia y el amor. Mi yo de 6 años se divertía un montón.

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El ícono vivió en mi corazón desde entonces y a lo largo de mi vida. Aunque no estuviera del todo mediáticamente presente. La reencontré en los cómics y la amé aún más. La hallé también en la cultura popular, enraizada en las mentes de quienes crecimos con ella. Me rodeé con su símbolo en camisetas, stickers, chaquetas y nuevas figuras de acción (esta vez compradas a propósito), ella siguió conmigo hasta la adultez, como un símbolo de fuerza y un pedacito eterno de mi infancia.

El fin de semana pasado, finalmente, después de más de 75 años desde su creación y casi 30 años después de que yo la descubriera,  la Mujer Maravilla llegó al cine. Y yo fui una niña de nuevo, en la butaca del cine mis piernas se acortaron y la ropa fue demasiado grande para mi cuerpo, porque me empequeñecí a voluntad frente a la luz brillante de la pantalla gigante.

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Podría decir que siempre me han gustado los superhéroes en general. Estaba enamorada del Superman de Christopher Reeve y estuve ahí al pie del cañón animando a todos, toditos, todititos los Batmanes (hasta el de George Clooney y sus tetillas). Y la nueva ola de héroes de Marvel me ha traído muchas alegrías.

Pero…

NADA se compara con lo que uno siente cuando ves a tu personaje favorito en la pantalla grande, cuando sientes que se le ha hecho justicia, es otra cosa esta emoción; es algo que me hizo entender realmente cómo se sintieron los chicos cuando vieron a sus favoritos en el cine por primera vez.

¿Qué si es objetivamente la película perfecta? No lo sé y no es relevante, subjetivamente, fue una de las mejores experiencias que pude vivir en un cine (que involucre sólo lo que pasaba en el film, wink wink). Wonder Woman es emocionante, tiene secuencias de acción increíbles (mi favorita es la de las Amazonas en la playa) y es completamente fiel al personaje y a todo lo que representa.

Lector, ahora tienes dos caminos que puedes escoger. El primero es considerar que aquí termina este texto y salir por la puerta 1. El segundo es continuar por esta lectura y dejarme contarte más sobre la Mujer Maravilla como personaje.

 

El Origen de Las Amazonas:

Los dioses del Olimpo, crearon a estas guerreras para que sirvan de mediadoras entre los dioses y los humanos, los protejan y a la vez den testimonio de las dádivas de los dioses a los humanos para que los humanos mantengan su fe en ellos. Ares, Dios de la Guerra se opone a este plan, argumentando que a los humanos sólo se los puede manejar a través del odio, la ira y la guerra.

Artemisa, y otras diosas, buscan el renacimiento de las almas de mujeres fuertes, víctimas de violencia masculina para crear a Las Amazonas. Pues consideran que la mujer tiene la capacidad de resistir a las tentaciones de Ares y su corazón protector es lo que la humanidad necesita.

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Luego Ares usa a Heracles para que vaya y engañe a Hipólita, se van todos de puñete, las esclavizan, se liberan lideradas por Hipólita y finalmente el propósito original de las Amazonas se pierde y los dioses las envían a una isla “donde los humanos no las puedan encontrar”. Una vez asentadas ahí, Hipólita se siente intranquila, y es cuando se le revela que de todas las almas renacidas, la de ella estaba embarazada y que era el momento de que esa alma renazca también, pero que ella tendría un destino especial.

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Esta es la historia de origen que nos presenta George Pérez en “Dioses y Mortales” de 1987, cómic que marcó la reinvención del personaje cuya narrativa previa ya estaba muy desgastada y compleja.

Conocer esta historia de origen nos permite saber por ejemplo porqué Diana es la única niña de la isla y porqué las Amazonas siempre están entrenando ya que juran que nunca volverán a ser sometidas (hay un paralelo aquí con grilletes y los brazaletes antibalas).

De todos estos detalles hay muchas variaciones. En algunas el traje azul y rojo está inspirado en la bandera norteamericana porque Diana es enviada a Estados Unidos y de esta forma la verán como aliada. En otras el traje simplemente por coincidencia tiene simbologìa similar y siempre estuvo custodiado por las Amazonas, junto con el lazo de Hera. La espada y el escudo vinieron luego. En la versión de Pérez ella no habla inglés, solo griego. En otra línea de tiempo Steve Trevor quien siempre ha sido el interés amoroso termina casado con Etta Candy y los enemigos de la Mujer Maravilla bailan entre los disfraces extravagantes y los poderes mitológicos, siendo Ares siempre su mayor némesis.

 

Los triunfos de Wonder Woman, la película

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Hay quienes cuando piensan en Wonder Woman, inmediatamente piensan que es la versión femenina de Superman. Como un Superman con curvas y faldita, y ya. Sin embargo, ha sido justamente esta visión limitada la que  tal vez no ha permitido que se realice una representación justa del personaje. El hecho de que haya tanta mitología involucrada y  que el villano de su historia sea un dios, complicaba aún más que se ajuste la historia a una narrativa audiovisual.

Sin embargo, al parecer sólo se necesitaba la visión de alguien que conociera bien al personaje, lo que representa y la importancia de sentirnos identificadas con ella (te hablo a ti Patty Jenkins).

En un universo cinemático de superhéroes cargado de testosterona viene una mujer a cambiar el ritmo. Superman no se puede sorprender por el sabor de un helado artesanal, Batman no se puede enternecer por ver a un bebé y ninguno de los dos puede permitirse a si mismo una casual sonrisa de vez en cuando solo porque sí.

La femeneidad del personaje no se esconde bajo el traje, se deja ver en cada una de sus acciones, honestas aunque a veces inocentes. Las Amazonas son mujeres todas, por su carácter protector, sensibilidad y compasión ante la humanidad. Diana, personificando la entrega total del amor femenino, se preocupa por las víctimas de la guerra, sufre con ellos y se lanza ante las balas porque sabe que tiene que hacer lo correcto y “pelear por quienes no pueden pelear por ellos mismos”.

Entonces, por un lado está la súper fuerza, las peleas emocionantes, geniales armas y trabajo en equipo y por el otro está presente la sensibilidad, la inocencia y el humor, pero es todo parte de lo mismo, porque Diana, es una mujer, con diferentes matices, emociones y capacidades que se “activan” según la necesidad, o sea es como una mujer real. Haciendo malabares en un juego de roles.

Ideas y frases que tal vez en otros contextos puedan ser cursis o idealistas, en ella funcionan. A nadie más le podría creer un: “…es acerca de lo que crees, y yo creo en el amor. Sólo el amor podrá verdaderamente salvar al mundo”, solo a ella. Y esa es la pista de lo bien logrado que estuvo el film.

A todo esto se suma que tenemos un equipo de outcasts, un Steve Trevor que no se siente menos sino que admira a la heroína, unas Amazonas personificadas por atletas olímpicas, jinetes expertas, campeonas de crossfit y policías; que son el mayor deleite de las primeras escenas y por supuesto Gal Gadot, la reina absoluta, la sonrisa que se robó todos nuestros corazones, no sólo por su belleza sino también por su dedicación y entrega para ponerse en la piel de un ícono tan grande de la cultura popular.

Salí del cine, sintiéndome todavía una niña, con ganas de pelear contra los villanos y girar y girar para convertirme en una súper mujer, y aunque todavía no lo logro, lo voy a seguir intentando.

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